En mai fais ce qu’il te plaît *
Jueves 23 de julio de 2026, por
Es probable que que este último tiempo me hayas oído hablar del evento excepcional que viví hace un par de meses. En este posteo te comparto algunos detalles que espero te interesen y te permitan comprender su carácter excepcional.
Todo comenzó el 4 de mayo recién pasado en Charles de Gaulle, el aeropuerto parisino en el que, con unas cuantas horas de atraso, aterrizó el AF406 de Air France que traía desde Chile a 3 mis “hermanos chicos”: Sergio (Willy para los cercanos, 74 años), Marcelo (70) y Angélica (68). Junto con ellos, Maritza y Margot, las Dulcineas de Willy y Marcelo respectivamente.
Una emotiva primera sesión de apretados abrazos puso rápidamente de manifiesto la felicidad que nos procuraba estar realizando un sueño que durante mucho tiempo pareció irrealizable: que los 4 hermanos Olivares Palma nos juntáramos en Francia para hacerles descubrir y compartir con ellos algo de lo que viví, conocí y aprendí en este país que el exilio convirtió en mi segunda patria, mi “lugar en el mundo”.
Peo más allá de todo eso se trataba sobre todo de estar juntos. Porque la vida obstinadamente nómade que me tocó vivir desde cabro chico, convirtió en evento excepcional el simple hecho de juntarme con mis tres hermanos. Por diversas razones y circunstancias que no viene al caso detallar aquí, a partir de los 10 años de edad mi vida transcurrió a menudo lejos del nido familiar de La Calera y por lo tanto lejos de mis hermanos. En ese sentido, el golpe de estado y el exilio no fueron más que la guinda del indigesto pastel vital que nos había impedido no sólo crecer sino simplemente estar juntos.
NUNCA ES TARDE...
Gracias al cariño y la generosidad de mis hermanos y la complicidad activa de sus compañeras, pudimos vivir juntos unas semanas intensas y vertiginosas que “inauguramos” en París subiendo a pie a la Torre Eiffel y al Arco del Triunfo, navegando por el Sena, visitando el Museo de Orsay y la restaurada Catedral Notre Dame y pasear por Montmartre y los jardines de Versailles. Compartiendo descubrimientos, asombros y emociones como las que nos invadían cada vez que estuvimos en alguno de los lugares que visitaron cuando vinieron a Francia nuestros padres fallecidos recientemente pero siempre presentes. Muchos de esos lugares estaban en París. Algunos de los de provincia hicieron parte del itinerario del viaje que decidimos hacer, “caleteando”, camino a Toulouse: la catedral de Chartres, el Château de Chenonceau y el Clos Lucé, última morada de Leonardo da Vinci en la medieval ciudad de Amboise.
Otras emociones, no menos intensas, las vivimos en el Château de Ligoure, segunda etapa de nuestro “caleteo”. Porque ese inolvidable 12 de mayo mis hermanos conocieron a Freddy, único miembro de la querida familia Le Saux al que aún no conocían. En tiempos del exilio, del compromiso solidario de los hermanos Maggy y Paul Le Saux nació una fraternal amistad que, con el paso del tiempo, terminó en que tanto ellos como sus padres, Paul y Monik, conocieron a toda la tribu Olivares Palma a la que incluso visitaron en la casa familiar de La Calera. Demás está decir que la invitación de Freddy a pasar la noche en el castillo que él vive y trabaja, le dio un brillo especial a ese gratísimo encuentro.
Con el corazón lleno de buenas vibras partimos al día siguiente rumbo a la última etapa de nuestro caleteo: Rocamadour. Un lugar increíble que Marcelo y Angélica ya conocían ya que poco a poco se ha ido convirtiendo en objeto de una verdadera peregrinación familiar. A la que esta vez se sumaron Willy y Maritza que, dicho sea de paso, venían por primera vez a Europa.
Una vez en Toulouse aprovechamos la espectacular vista que ofrece el teleférico para empezar a conocer, vistos desde el aire, Toulouse y sus alrededores y allá lejos, en el horizonte, los Pirineos, la “cordillera” que separa Francia de España.
TODOS JUNTOS
El 16 de mayo vivimos el evento más emblemático y emotivo de nuestro encuentro. Fue maravilloso que, junto con celebrar el estar por fin juntos en Toulouse, hayamos podido celebrar por adelantado los cumpleaños de dos miembros de la tribu nacidos el 21 de mayo: Antonia e Inarita, la mayor de los nietos y la menor de los bisnietos. Agrégale a eso el hecho de que además de mis hermanos y de mi tribu casi completa presentes en Toulouse, varias primas y primos de la generación de nuestros hijos participaron desde Chile vía Zoom en la ronda de emocionados brindis que marcaron esta verdadera “cumbre” familiar.
Al día siguiente fue el turno de Albi de revelarnos la belleza de su patrimonio histórico, cultural y arquitectónico con la impresionante Catedral Sainte-Cécile, el museo dedicado al sorprendente Toulouse-Lautrec y los hermosos jardines del Palais de la Berbie.
¡APECHUGANDO!
La acumulación ininterrumpida de emociones positivas conoció un breve un paréntesis el lunes 18 de mayo, día en que, muy a pesar suyo, Angélica y Margot sumaron a sus descubrimientos el del sistema de salud a la francesa.
Angélica para saber más sobre las dolorosas consecuencias de la caída que sufrió en recién llegada de Chile y Margot porque tenía en el pecho un absceso que había comenzado a inquietarla pero que no impidió que partiera con Marcelo a Venecia y a Torino, donde los esperaba Pasquale Musto, gran amigo al que Marcelo visita cada vez que viene a Europa.
Igual cosa con Angélica que, pese a su dolorosa contusión, participó en la visita de la ciudadela amurallada de Carcasona junto con Sabina y el tándem Willy-Maritza que, un par de días después, emprendió un ambicioso periplo que los llevó a Sevilla, Roma, Florencia, Venecia y Milán.
Angélica fue la única que no se echó a volar y se quedó con nosotros. Desde siempre mi adorable hermana había advertido ella venía a Toulouse sólo para regalonear y cuidar a su hermano mayor.
NO TE DIGO ADIÓS…
El 27 de mayo, después de un largo viaje en bus desde Torino, Margot y Marcelo llegaron de vuelta y dos días después empezaron a despedirse ya que estaba previsto que regresarían a Chile antes que el resto de la comitiva. Una cena con todos los Olivares/Caviedes/De Praingy que estábamos en Toulouse dio el vamos a la primera de las dos sesiones de abrazos/promesas/cuídense/gracias-por-venir/los-queremos-mucho/ que marcaron el fin de nuestro fraternal encuentro. La segunda sesión fue dos semanas después con Willy y Maritza, que el 2 de junio habían vuelto de Italia, y Angélica. Fueron dos semanas que aprovechamos para descubrir Aeroscopia, impresionante museo aeronáutico tolosano, visitar el Convento de los Jacobinos y la Sala de los Ilustres del Capitolio de Toulouse y pasear encaramados en el Minotauro gigante de la Halle de la Machine.
Único contratiempo de un programa que en general funcionó de maravilla: el 7 de junio nos quedamos con las ganas de celebrar un nuevo aniversario de matrimonio chapoteando en las deliciosas termas de Ax-les-Thermes desgraciadamente “cerradas por mantención”. Pero los 260 kilometros recorridos para ir y volver no fueron en vano porque aprovechamos el viaje para conocer el histórico Chateau de Foix. El chapoteo funcionó días después en las aguas del Mediterráneo ya que Antonia partió a Sete con Chiara y el trío viajero que, un par de días antes, había estado en Lourdes y su santuario, lugar donde el agua (bendita) abunda pero no se presta mucho para el chapoteo.
Como comprenderás, dos meses después de ese magnífico encuentro, tengo y tendré para siempre la mente y el corazón llenos de mil imágenes y emociones de ésas que te recargan las baterías para seguir adelante pese al Parkinson, las olas de calor, los frentes de mal tiempo, Gaza, Ormuz y todas las malas ondas que nos acechan en estos tiempos kastigadores y trumposos.
Al compartir contigo estos detalles sobre ese momento excepcional, aprovecho para reiterar públicamente mis agradecimientos a todos quienes aportaron un precioso granito de arena : los queridos amigos que pasaron un dato, facilitaron un trámite o prodigaron valiosos consejos; los Olivares Palma y compañía (en espacial nuestras Dulcineas) y ¡cómo no! los autores intelectuales y materiales de esta maravillosa aventura: Willy, Marcelo y Angélica, mis queridos hermanos.
Esos hermanos con los que, como cantaba el viejo Atahualpa Yupanqui, “nos perdemos por el mundo, nos volvemos a encontrar…y así nos reconocemos por el lejano mirar, por la copla que mordemos, semilla de inmensidad…y así seguimos andando curtidos de soledad y en nosotros nuestros muertos pa’ que nadie quede atrás”.
Muchas gracias a todos y… ¡Estamos Juntos!
Eduardo
* Em mayo haz lo que te dé la gana