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8 de diciembre

Lunes 8 de diciembre de 2008, por Cronopio


"Por lo cual, si alguno tuviere la temeridad, lo cual Dios no permita, de dudar en su corazón lo que por Nos ha sido definido, sepa y entienda que su propio juicio lo condena, que su fe ha naufragado y que ha caído de la unidad de la Iglesia y que si además osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho".

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¡Mamma mía!

Esta amenazante Bula Ineffabilis Deus, que nada tiene que envidiarle a las más odiosas fatwas de los fundamentalistas musulmanes, fue dictada el 8 de diciembre de 1854 por don Giovanni Maria Mastai Ferretti, más conocido como Pio Nono. Gracias a ella, una buena cantidad de terrícolas tiene feriado el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción. De lo que se trata, oficialmente, es de celebrar el hecho de que, a diferencia de todas las mujeres de la tierra, que no tuvieron el mismo "singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente", la señora María, mamá del chico que se apresta a cumplir 2009 años, fue oficialmente declarada "inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción".

Si la Bula tiene razón, debo asumir que mi fe anda haciendo agua hace rato. Porque en realidad me cuesta creer que todas las otras mujeres -incluyendo la Lilainoa, ¡habráse visto!- están todas "manchadas de culpa original" por el solo hecho de no estar destinadas a ser madres de Dios sino solo de pobres "fractales" de Dios como tú y yo.

Viejo mi querido viejo...

Si hay alguien a quien estas disquisiciones suelen poner muy nervioso, ése es mi padre. Creyente a la antigua (suponiendo que "antiguamente" la gente era menos "sepulcro blanqueado" que ahora) y consecuentísimo con sus conviciones católicas, mi viejo es de veras no solo un buen sino un gran tipo que merecería gozar de cuanto "singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente" exista más allá de mi escepticismo. Que, no te equivoques, no es el de quien no cree en nada de nada.

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Reinaldo en París en Mayo del 2008

Pero no nos desviemos del tema: el 8 de diciembre y mi viejo. Que no fue inmaculadamente concebido pero que igual nació un...8 de diciembre de 1925. Por eso es que, con todo respeto por quienes respetan la famosa Bula Ineffabilis Deus, debo decir sin rodeos que el 8 de diciembre by Reinaldo Arturo Olivares Díaz nacido en Valle Hermoso (cerca de La Ligua), me importa harto más que el de la noble señora madre de "don Jecho". A su manera, mi padre, simple hombre hijo del hombre, hizo no pocos los milagros para salir adelante, como pudo y hasta donde pudo, con los 4 hijos que, en un estilo distinto al de la señora María pero con al menos igual amor y generosidad, engendró y crió "de la mano" de Gladys, su compañera de mas de sesenta años.

El asilo contra la opresión y más

Pero hubo otros 8 de diciembre que no dejan de tener su importancia en esta historia. Demás esta que me ponga a explicar aquí lo que pasó el 11 de septiembre del 73 ni como a partir de ese día la vida se puso densa y muy poco cool. Al punto de obligarnos a pensar en la posibilidad de buscar -en una embajada- asilo contra la opresión que le estaba rallando seriamente la pintura a nuestra copia feliz del Edén. Las dificultades y los temores fueron poco aumentando en la misma medida en que disminuía mi escaso margen de maniobra. Y digo "mi" porque, pese a que todo hacía parte de una aventura colectiva, la precariedad de nuestro conglomerado de banderas verdirojas hizo que, al menos en lo que a mí respecta, tuviera que arreglármelas como pudiera. "Salvar al soldado Garretón" consumía una buena parte de los recursos y de la poca inteligencia conspirativa que habíamos logrado acumular. Cesante, tratando de no ser detenido y de reconectarme con el partido pero, sobre todo, preocupado por mi hija Antonia que, a pataditas en el vientre de Josefina, anunciaba su decisión de contribuir de venir a pasar una temporada al planeta tierra.

La "salvación" vino justamente por el lado de uno de sus tíos, diplomático de carrera: Alfonso Santa Cruz. Otro tipo "bueno en serio" que logró que los tres -la madre, Antonia y yo- fuéramos admitidos en sede la ex- embajada de Hungría, a la sazón [1] bajo protección diplomática de Austria. Con la complicidad de Joaquín, hermano de Josefina, ingresamos a la casa ubicada en Los Leones 2279, el...8 de diciembre de 1973, poco antes del toque de queda.

16 años después, el 8 de diciembre de 1989 y siempre en la onda un poco ritual con la que suelo tratar de reemplazar las ceremonias que la gente "normal" hace de otras modos, organicé un recital cuyo objetivo declarado era ponerle fin al exilio. Yo había vuelto a Chile 4 meses antes, el 6 de agosto. Fue en La Casona, una suerte de centro cultural ubicado en la Alameda, a pasos del departamento donde había vivido con Irene Geis y donde - con la milagrosa complicidad de Ana María Reutsch- logré escaparle milagrosamente a los policías que un día llegaron allí a buscarme.

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En esta foto de la Alameda tomada el 12 de diciembre de 1927 desde la Plaza Italia, la flecha indica el lugar donde, 62 años después, estaba La Casona.

Junto con mostrar las "gracias" musicales aprendidas en los años parisinos, la idea del recital era hacer, voluntariamente, un gesto que, en cierto modo, "anulara" el que, forzadamente, había tenido que hacer el 8 de diciembre del 73: optar por el exilio. Se trataba de proclamar la recuperación de nuestro derecho a decidir libremente el curso de nuestras vidas. El recital -en el que participaron también Diego y Antonia- no fue un hito en la historia musical chilena pero sí fue un hermoso momento de convivencia, de amistad y de emociones varias. Amigos queridos como Pedro Gaete (dueño de "casona", Pepe Caviedes (padre de mi Sabina) y Pepe Secall (gran actor y cómplice meses mas tarde en la aventura de Gana la Gente), estuvieron allí ese día. Hubo otros de los que en este momento no me acuerdo (desolé!) .

Obviamente también estuvieron los Olivares Palma y ¡como no! Gladys y Reinaldo. Con el que ese 8 de diciembre compartimos y celebramos no solo el aniversario de su nacimiento sino también el sueño de un renacimiento que...bueno, tú ya sabes.

Notas

[1] ¡Me encanta esta expresión! La encuentro entre sabrosa y castiza


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