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Del 21 de Mayo a Mayo del 21

Lunes 31 de mayo de 2021, por Cronopio

Ya lo sé. Cuando uno llega a los 72 años, es más que probable que cada uno de los doce meses del año esté presente en buena parte de nuestros recuerdos. Pero tengo la impresión que, por alguna curiosa razón, los Mayo de mi vida han sido particularmente “acontecidos”.

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Arturo, Rodrigo, Antonia y Líber

Durante mi infancia y adolescencia y hasta que cumplí 21 anos, la única fecha importante del mes de mayo era justamente…el 21. Por aquello del combate naval de Iquique y de su heroico e incomprendido protagonista que, dependiendo del clima político y social, solía compartír titulares con otro combate no menos importante: el de los trabajadores y su homenaje del 1° de Mayo a los mártires de Chicago.

Pero en 1969, tanto en mis Mayo otoñales de Chile como en los primaverales de Francia, empezaron a proliferar acontecimientos de aquellos que, cuando no te cambian radicalmente la vida, te dejan huellas profundas. Como las que, sin ir más lejos, está dejando este magnífico mayo 2021 que está a punto de expirar.

Te invito a echarle una mirada a este catálogo cronológico de mis Mayo en ésa…

Mayo de 1969

Habiéndole dado por fin el palo al gato después de varios intentos fracasados por convertirme, sucesivamente, en ingeniero, ingeniero comercial y contador auditor y gracias al Chepe Venegas que me ayudó a “ver la luz”, ingresé en marzo de ese año al primer año de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Concepción.

Si el homo studiosus se había demorado tres años en "achuntarle" a su verdadera vocación, el homo politicus había avanzado mucho más rápido. Tanto así que, pese a mi evidente ingenuidad e inmadurez a la fecha, ya hacía parte de la dirección provincial, no de la Juventud Demócrata Cristiana, que era lo que correspondía a mis escasos 20 años, sino del Partido mismo. A fines de 1968, Alfonso Rodríguez, candidato a presidente provincial del partido, me había invitado a participar en el equipo, supuestamente “unitario”, que aspiraba a dirigía el partido en Concepción.

En aquellos tiempos el PDC penquista estaba siendo sacudido por la muy díscola izquierda del partido que criticaba de manera cada vez más vehemente la derechización del gobierno de Eduardo Frei padre. Una crítica que, sobre todo después de la matanza de Puerto Montt, yo compartía plenamente aunque, obsesivamente unitario, no me gustaban las veleidades rupturistas de algunos de los Rebeldes.

Cuando sorprendido y halagado por la invitación le pregunté ¿por qué yo?, Alfonso me contestó: “porque necesitamos en el equipo a alguien comprometido y trabajador como tú”. Entre halagado y perplejo, acepté la proposición. No sin antes advertirle que temía ser un poco inexperto y que probablemente necesitaría que me apoyara y me orientara cuando no supiera qué hacer. Obvio, me respondió.

A su manera, Alfonso se acordó de esa conversación en abril del 69 cuando, tiempo después de la elección que obviamente ganamos, llegó el momento de elegir los delegados de Concepción a la Junta Nacional extraordinaria en la que la DC debía definir su postura de cara a la elección presidencial de 1970. Había dos propuestas sobre la mesa: la del Camino Propio, que apostaba a que la DC siguiera instalada en la misma actitud arrogante y sectaria que le había valido un debilitamiento creciente de la adhesión de los sectores populares y en particular de la juventud. Y la de la Unidad del Pueblo, liderada por Radomiro Tomic que proclamaba que para cambiar las cosas en un país como Chile, el acuerdo “entre democratacristianos y marxistas” no solo era posible sino, más aún, indispensable.

- Eduardo, estos son los delegados por los que tienes que votar, me dijo Alfonso sin mayores explicaciones.
- Lo siento Alfonso, pero ya comprometí mi voto con el “chascón” Jerez y por Eduardo Aquevedo (dos de los líderes rebeldes), le respondí.
- No jodas Eduardo. Tienes que votar por los que te estoy diciendo. Y, visiblemente emputecido, agregó: ¿se te olvidó que me ofreciste hacer lo que yo te dijera?
- No te equivoques Alfonso. Te dije que te pediría consejos cuando no supiera qué hacer. Pero ahora lo tengo clarito. Sobre todo después de lo que me acabas de decir

El resto de la historia es conocido. El 2 de mayo la Junta Nacional de la DC optó por el Camino Propio y tanto rebeldes como terceristas renunciaron al partido. Yo también renuncié y un par de semanas mas tarde, en la sede del sindicato de la ETC (en Santiago, calle Mac Iver, casi al lado del excelente restaurant italiano Da Carla) hice parte del lote allí reunido para echar a andar el nunca bien ponderado Movimiento de Acción Popular Unitaria, el MAPU, que a falta de haber cambiado la vida del país, cambio radicalmente la mía.

Mayo de 1972

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Con Irene...

No poca agua pasó bajo nuestros puentes políticos y personales entre mayo del 69 y mayo del 72. Empezando por el triunfo de Allende y el comienzo de mis estudios de periodismo en una Escuela renovada por la reciente Reforma Universitaria y por la llegada de varios profesores nuevos. Entre ellos, Irene Geis, gran periodista y profesora con la que, a poco andar, nació una sorprendente, inolvidable y singular historia de amor. Singular no solo porque ella era 11 años mayor que yo, sino también porque, en algún momento, ella fue nombrada directora de la escuela y yo fui elegido presidente del Centro de Alumnos de Periodismo. Una situación que, naturalmente, suscitaba sonrisillas y comentarios irónicos pero que nunca se transformó en escándalo.

En lo propiamente político, a poco de haber nacido, el Mapu se había integrado a la Unidad Popular, lo que nos ayudó a construirnos como partido y a formarnos como militantes en medio de la gran movilización popular que terminó con Allende en La Moneda. Un verdadero “momento de gracia” de ese período, fue aquel en que Rodrigo Ambrosio, nuestro secretario general, vino a instalarse a Concepción. Con el agregado de que, más allá de la actividad política y de todo lo que en ese plano aprendí con él, éramos vecinos en el condominio de Chiguayante donde vivíamos con Irene.

Poco a poco fui asumiendo más responsabilidades tanto en lo político como en lo gremial. A fines de 1971, al término de mi mandato como presidente del Centro de Alumnos, fui elegido vicepresidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción en una apasionante y disputada elección en la que junto con Manuel Rodríguez (socialista) y Antonio Leal (comunista) le ganamos al poderoso Movimiento Universitario de Izquierda (MIU), la “filial” universitaria del MIR.

En eso estaba cuando, en Mayo de 1972, la dirección del Mapu me designó para ser uno de los dos representantes del partido en la delegación de la juventud de la Unidad Popular invitada a la Unión Soviética para participar en los festejos del 50° aniversario de los Pioneros, esa suerte de boy-scouts del socialismo.

Fue un momento excepcionalmente interesante y…doloroso.

Era la primera vez que salía al extranjero y la idea de ir a conocer la “patria del socialismo” me resultaba sumamente atractiva y apasionante. Porque más allá de que el socialismo made in URSS dejara que desear, Moscú había sido el escenario de varios eventos mayúsculos de la historia de la humanidad y seguía siendo uno de los dos centros neurálgicos del mundo en que vivíamos. Cuestiones doblemente impresionantes y atractivas para alguien como yo, nacido en un pueblo chico de un país que a menudo miraba el mundo desde lejos y con muy provincianas gafas.

Dado que veníamos del país de Salvador Allende y la Unidad Popular, nuestra delegación fue acogida con grandes honores y con un espectacular programa que incluyó una velada en el Bolshóï, un lugar de honor en el imponente desfile del cincuentenario en la Plaza Roja y una impresionante gala en el Palacio de los Congresos del Kremlin seguida, como corresponde, por un coctel al que, en algún momento, llegaron Brejnev, Kosygin y Podgorny, impresionantes jerarcas de la nomenclatura de la época.

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Recién llegados a Taskent...

Como si eso fuera poco, nuestros espectaculares anfitriones del Konsomol – la juventud comunista – nos organizaron un viaje a Samarcanda y Taskent, la capital de Uzbekistán, a más de 3000 kilómetros de Moscú. Todo iba de maravillas cuando, mientras desayunábamos en el hotel, se me ocurrió ojear la Komsomólskaya Pravda. Me topé con tres líneas que me parecieron ser una noticia breve en la destacaban dos palabras en ruso que ya sabía descifrar: Чили (Chile) y Мапу (Mapu). No soy capaz de describir el torbellino de emociones que me invadió cuando uno de los intérpretes que nos acompañaban me tradujo las tres líneas : Rodrigo Ambrosio, secretario general del Mapu y uno de los líderes de la Unidad Popular ha muerto en un accidente automovilístico. Solo recuerdo que, llorando desconsolado, hice vanos esfuerzos por volver inmediatamente a Chile.

Mayo del 72 me recordó dolorosamente, que el “hado” de mi vida vagabunda me había condenado a vivir así, de lejos, muy a la distancia, episodios claves de mi existencia.

Mayo de 1974

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Antonia en Viena...

Como el del 21 de mayo de 1974, el día que allá en Viena (Austria), Antonia llegó a este mundo sin que yo estuviera allí junto a Josefina, su madre, para darle la bienvenida. Porque 5 meses después que entráramos a la ex - embajada de Hungría en Santiago para hacerle el quite a sus ganas de ponerme la mano encima, Pinochet y los suyos seguían buscando pretextos para negarme el salvoconducto necesario para salir del país.

Conmovido por el parto solitario de su hermana, Joaquín hizo ante sus amigos pinochetistas alguna movida clave que permitió que, una semana después, en el Lainzer Krankenhaus de Viena, convertido en padre y en exiliado, estrechara por fin en mis brazos al pequeño ser que, por nuevas y buenas razones, acababa de darle al 21 de mayo otro significado, más prometedor y cargado de futuro.

Mayo de 1981

Luego de nuestra estrepitosa y dolorosa derrota de septiembre de 1973, el fin de dictaduras que parecían eternas como la franquista, la griega y la portuguesa, hizo soplar en el mundo vientos más prometedores. Desgraciadamente, en nuestro Chile el tiempo pasaba, la esperanza no aparecía por ningún lado y las únicas constantes parecían ser la represión y el miedo. Al mismo tiempo en Francia, donde vivíamos desde 1975, la ruptura de la Unión de la Izquierda en 1977 había generado todo menos optimismo de cara a las elecciones presidenciales que tendrían lugar cuatro años más tarde. Una sensación confirmada por la primera vuelta en la que triunfó Giscard d’Estaing, el presidente de centro derecha en ejercicio. De ahí la explosión de alegría que el 10 de Mayo de 1981 provocó la victoria de François Mitterrand. En los franceses de izquierda, obviamente, pero también en los miles de exiliados chilenos y latinoamericanos que vivimos su triunfo como propio. Y que en cierto modo lo era porque muchos de nosotros habíamos participado de una u otra manera en la campaña y sobre todo porque estábamos seguros de que el gobierno de la izquierda abriría paso a una nueva era, más generosa y activa de la solidaridad de Francia con nuestros pueblos. Y así fue.

Mayo de 2011

Como lo conté en El Abajo Firmante, fue en mayo del 2011, que comenzaron en Douala (Camerún) mis aventuras africanas. Hablo de aventura porque, para empezar, se trataba de descubrir un continente que hasta ese momento solo conocía de referencias y de algunos encuentros profesionales o militantes con africanos residentes en París. En todo caso, la verdadera aventura, la que le daba sentido a todo, era la de ser capaz de conectarme eficazmente con quienes esperaban y necesitaban que yo les aportara algo útil para sus propios esfuerzos por mejorar su vida y la de sus comunidades. Desde la comunicación en general y desde la radio en particular.

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Con mis "alumnos" cameruneses

Mayo marcó esta vez el comienzo de una etapa magnífica en la que mi vida profesional transitó por Camerún, República Democrática del Congo, República Centroafricana, Costa de Marfil y Guinea. Una oportunidad única y sumamente gratificante de aportar conocimientos, de compartir experiencias, de remover estereotipos y de enriquecerme con la gran diversidad de personas que conocí y que hasta el día de hoy me siguen dando inestimables lecciones de vida.

Mayo de 2021

Quiero creer que no será necesario explicar demasiado, por lo menos a mis amigos chilenos, cómo y porqué la histórica erupción democrática de los días 15 y 16 de este Mayo que en las próximas horas va a cerrar el boliche, inspiró este homenaje en forma de racconto a ese par de días preñados de promesas y esperanzas y desafíos.

Agregar, porque también han hecho parte de la riqueza y de los placeres de este mes especial, el reencuentro con el periodismo chileno gracias a la invitación de mi querido amigo Marcelo Mendoza a escribir en El Desconcierto y con Max Bale, de RFI Planète Radio, a propósito de e-POP, un interesante proyecto participativo de protección del medio ambiente y del cambio climático al que también me ha invitado a participar.

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Sabi en Collioure...

Verdadera guinda afectiva y poética de esta torta de Mayo, nuestro pequeño gran “desconfinamiento” de 5 días en Collioure, pequeña maravilla del mediterráneo catalán que, además de su colorida belleza, nos regaló, sobre todo a Sabina, un encuentro emotivo y poético con la generosa “Cataluña del norte”. Esa que en tiempos de la guerra civil española, acogió a su abuela Liber antes de que partiera a Chile a bordo del nerudiano Winnipeg. Una posibilidad que no tuvo el gran poeta Antonio Machado, al que visitamos en el cementerio local. Sus restos descansan allí porque su cuerpo enfermo y fatigado le hizo imposible seguir haciendo camino al andar…

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